Algunos detractores han afirmado erróneamente que las
publicaciones de los testigos de Jehová prohibían el uso de vacunas desde
1931 hasta 1952, y lo permitieron después. Aparentemente, hacen esta
afirmación tratando de desacreditar nuestra posición actual respecto a las
transfusiones de sangre, dando a entender directa o indirectamente que
nuestra posición sobre la vacunación era igual de estricta que la de la
sangre y que esta también cambiará. También se trata de dar la imagen de
que los testigos de Jehová no tienen ninguna credibilidad en asuntos
médicos.
Muchos de nuestros detractores demuestran descuido al
no comprobar los documentos originales para verificar la validez de sus
declaraciones.
Por ejemplo, la declaración de que en fecha tan tardía
como los años 50 los testigos de Jehová enseñaban que un cristiano no
debía vacunarse, es una falsedad fácil de rebatir. Desde 1944 la Sociedad
requería a todos sus representantes que estuviesen vacunados.
En 1944-45, A.H. Macmillan tuvo que animar a ciertos
testigos de Jehová encarcelados por objeción de conciencia a que se
vacunasen. Escribió: "Uno de los problemas más serios que tuve que tratar
era el de las vacunas. Algunos de nuestros muchachos en una prisión (...)
se negaron a hacerlo. (...) Les dije que perdíamos el tiempo hablando de
los males de la vacuna porque podría decirse mucho a favor y en contra.
(...) Además, todos los que visitamos sucursales extranjeras nos
vacunamos, o si no, nos quedamos en casa" (A.H. Macmillan, Faith on the
March, págs. 188, 189). También es digno de nota el hecho de que, de
los aproximadamente 4.300 Testigos encarcelados en diversas prisiones de
Estados Unidos durante la guerra (según Cushman R.E., Civil Liberties
in the U.S. p. 96-97, Cornell University Press, Ithaca, N.Y. 1956; Zygmunt
J.F. Jehovah's Witnesses in the USA 1942-1976. Social Compass 24,
47, 1977), solo un grupo se negase a aceptar la vacunación obligatoria.
Puesto que muchos Testigos individuales continuaban
rechazando las vacunas (al parecer, porque lo consideraban un requisito
bíblico), el Cuerpo Gobernante de los testigos de Jehová vio la necesidad
de dejar el asunto claro. Esto se hizo en la revista La Atalaya en
su número del 15 de diciembre de 1952 (edición en inglés): "El aceptar una
vacuna es un asunto que debe resolver por sí mismo el individuo que se
enfrenta a él. (...) Por tanto, toda la objeción a la vacuna parece
carecer de argumentos bíblicos."
Hasta aquí, vemos fácilmente la falsedad de que los
testigos de Jehová tuvieran prohibido aceptar vacunas en fecha tan tardía
como principios de los años 50. Pero, ¿la tenían prohibida anteriormente?
¿Por qué algunos consideraban antibíblico el uso de la vacuna? ¿Por qué
dicen algunos que en 1931 se prohibió su uso?
Esta afirmación se origina por un artículo aparecido en
el número del 4 de febrero de 1931 de la revista The Golden Age (La
Edad de Oro), en el que se indicaban razones bíblicas de rechazar el
uso de la vacuna. Es cierto que ese artículo existe, pero los opositores
no suelen mencionar toda la verdad al respecto. El artículo no era un
artículo editorial, es decir, no lo escribió el editor ni ningún redactor
de la revista, sino que se trata de una contribución de cierto Charles A.
Pattillo de Virginia (EE.UU.). El editor no especificó si concordaba o no
con la opinión del Sr. Patillo, pero es significativo el hecho de que el
artículo se presentase como una mera contribución de alguien ajeno a la
propia revista. El asunto no se presentó como una prohibición, sino como
una opinión que podía ayudar a tomar una decisión personal.
No menos significativo es el hecho de que, al parecer,
la revista The Watchtower (La Atalaya) no mencionó nunca el asunto.
La Atalaya era por entonces (hasta los años 40) una publicación
interna solo para los testigos de Jehová, y era allí donde se trataban los
asuntos bíblicos de mayor importancia para los propios Testigos, mientras
que la revista The Golden Age era una publicación para el público,
que tocaba asuntos más generales, de modo parecido a la moderna revista
¡Despertad! Ningún opositor ha sido capaz de mostrar ninguna mención
en contra de las vacunas en La Atalaya ni en ninguna otra
publicación aparte de The Golden Age. No existe ningún indicio de
que el uso de la vacuna se considerase tan grave como para merecer ningún
tipo de medidas disciplinarias; menos aún la expulsión. En definitiva, la
postura al respecto era muy diferente a la postura actual con respecto a
la sangre.
Por otro lado, la opinión de que las vacunas podían
suponer una violación de la ley divina sobre la sangre resulta
comprensible teniendo en cuenta que el suero de algunas vacunas se
producía en sangre animal. Es muy importante tener en cuenta el contexto
histórico de este y otros artículos de The Golden Age.
Esto nos lleva a otra cuestión: aparte del artículo de
febrero de 1931, en la revista se incluyeron en varias ocasiones
comentarios muy críticos con las vacunas, no desde un punto de vista
bíblico, sino desde un punto de vista médico. ¿Eran esos comentarios algo
injustificado, propio de personas ignorantes, como lo enfocan los enemigos
de los testigos de Jehová?
Probablemente, la primera vez que se mencionó una
opinión crítica con el uso de la vacuna fue en The Golden Age del
12 de octubre de 1921, y la última mención negativa fue en la revista
Consolation (Consolación, nuevo nombre de The Golden Age)
del 31 de mayo de 1939. No era un asunto que se tratase muy a menudo; se
encuentran citas, la mayoría de ellas breves, una vez cada año o cada dos
años como promedio (lo cual no es mucho para una revista que se publicaba
cada dos semanas).
Nuestros detractores tampoco ponen las cosas en su
debida perspectiva. No tienen en consideración el punto de vista común que
tenían muchas personas ajenas a los Testigos por aquel entonces. La
vacunación era un asunto altamente polémico en sus primeros tiempos, con
discusiones válidas y autoridades reputadas en ambos bandos (en contra de
la vacunación se encontraban personas como el respetado naturalista Alfred
Russell Wallace, el profesor Charles Creighton, que escribió un artículo
contra la vacunación para la Enciclopaedia Británica, o el famoso
escritor George Bernard Shaw). Las publicaciones de los testigos de Jehová
tratan de presentar información médica actualizada a sus lectores y en
justicia no se les puede criticar a ellos más que a científicos y otras
autoridades religiosas de la época.
¿Cómo se veía el uso de las vacunas a principios del
siglo XX? ¿Cuál era el método utilizado para inmunizar a las personas? El
método principal en el siglo XIX y principios del XX era infectar a una
persona con una variante "suave" (o atenuada) del virus; después, se hacía
que la persona volviera al cabo de siete días, cuando aparecían las bolsas
de pus; el pus o la costra se raspaba y se utilizaba para infectar
directamente a la persona siguiente, que volvería en siete días, y así
sucesivamente. Ahora, ¿quién aceptaría hoy en día que se le hiciera esto a
sus hijos? Así pues, quizás poner los comentarios de The Golden Age
en su perspectiva histórica apropiada puede ayudar a uno a ver cuán
cegados de obstinación pueden estar algunos de nuestros detractores en sus
campañas contra los testigos de Jehová:
Con la típica moderación inglesa, la Enciclopaedia
Britannica indica:
“A mediados del siglo XX, aún se carecía de datos
estadísticos adecuados referentes a la eficacia en seres humanos de
algunas de las vacunas víricas."
En 1913, la National Anti-Vaccination League (Liga
nacional contra la vacunación, de la que era miembro Alfred Russel
Wallace) de Gran Bretaña publicó un folleto titulado Is vaccination a
Disastrous Delusion? (¿Es la vacunación un engaño desastroso?). El
folleto condenaba la práctica como "ultraje monstruoso e indefendible
contra el sentido común y los derechos personales sagrados de cada humano,
y especialmente de cada inglés."
El escritor George Bernard Shaw, quien había sido
miembro del Health Committee of London Borough Council (Comité de salud
del Consejo del barrio de Londres) publicó declaraciones como las
siguientes, entre otras: “La vacunación obligatoria es un crimen y debería
ser castigada como tal. (...) La vacuna mata más gente que la viruela.”
(del artículo “La vacunación es un crimen”, tomado de la revista
“Naturalismo”, de Barcelona). “En el presente, las personas
inteligentes no hacen vacunar a sus hijos, ni les obliga hoy a ello la
ley. El resultado no es, como profetizaron los seguidores de Jenner, el
exterminio de la raza humana por la viruela; por el contrario, hoy muere
más gente por la vacuna que por la viruela” (publicado en el Irish
Times del 9 de agosto de 1944).
En el otoño de 1901, en Filadelfia había no menos de 36
casos de tétanos o de trismo debidos, según se admitió, a las vacunas, y
casi todos eran mortales. Después de un estudio de estos y de otros 59
casos similares, el prominente médico y profesor de Filadelfia Joseph
McFarland, ardiente defensor de la vacunación, llegó a la conclusión de
que -incluso donde se habían tomado las precauciones más extremas- el
peligro residía en la transmisión a la vacuna en sí del agente causante de
la enfermedad. Entonces, sin tener en cuenta el hecho de que el agente
causante de la enfermedad estaba en el mismo líquido tomado de las heridas
infectadas, y que el agente todavía quedaba peligrosamente poco atenuado
en la vacuna preparada de esta fuente, él siguió recomendando
ignorantemente la preparación de la vacuna, esto a pesar de el hecho de
que la ciencia médica de su día no estaba preparada para la puesta en
práctica eficaz de su recomendación de que se ponga el mayor cuidado en la
preparación de la vacuna (John Pitcairn, The Fallacy Of Vaccination,
1911, citando de Joseph McFarland, Tetanus And Vaccination -- An
Analytical Study Of Ninety-five Cases Of This Rare Complication,
1902).
En Inglaterra y Gales encontramos que, entre 1881 y
1907, se registraron 1.108 muertes debidas a la vacunación, con un
promedio de una muerte cada semana durante los primeros dieciséis años (The
Registrar-General's Report of Births. Deaths and Marriages in England and
Wales, vols. XLIV-LXX). Recordemos, también, que las mismas personas
que realizaban vacunaciones admitieron que todas estas 1.108 muertes
habían sido debidas a la misma. Sobre esto, el profesor Alfred R. Wallace
dijo que solo en Inglaterra y País de Gales el uso de la vacuna era la
causa probable cada año de 10.000 muertes; muertes por cinco enfermedades
del carácter más terrible y repugnante, introducidas por el virus
contenido en las vacunas (Alfred Russell Wallace. LL.D., Forty-Five
Years Of Registration Statistics, Proving Vaccination To Be Both Useless
And Dangerous, segunda edición, Londres, 1889, p. 38).
Apenas empezaban a desarrollarse formas más seguras de
vacunación a principios del siglo XX. No fue hasta 1931 que Woodruff y
Goodpasture desarrollaron el huevo de gallina como medio de cultivo para
muchos virus (Woodruff, A. y E. Goodpasture The susceptibility of the
chorio-allantoic membrane of chick embryos to infection with the fowl-pox
virus, 1931. Am. J. Path. 7: 209-222). No fue hasta principios de los
años 50 que Salk desarrolló su vacuna más segura y más eficaz (Jane Smith,
Patenting The Sun). No fue hasta 1954 que se hicieron pruebas a
gran escala de las vacunas de Salk que probaban su eficacia.
Podrían citarse muchos más datos y opiniones de la
época, pero lo aquí expuesto debería bastar para mostrar que los testigos
de Jehová estaban plenamente justificados en los años 20 y 30 para tener
una opinión negativa respecto a este asunto. No es coherente criticarlos
solo a ellos por una postura compartida por muchas otras personas, incluso
ministros religiosos de otras confesiones; nuestras publicaciones se
hicieron eco de algo que era común en la época (incluso hoy en día hay
múltiples voces que se alzan en contra de la vacunación).
Estos ataques suelen terminar con una melodramática
alusión a los testigos de Jehová que supuestamente murieron por negarse a
aceptar la vacunación (de nuevo tratando de establecer un paralelo con la
cuestión de las transfusiones de sangre). Ya hemos mostrado que no existía
una postura oficial ni se tomaban medidas al respecto. Ahora bien, ¿puede
alguien dar el nombre de un solo testigo de Jehová que muriera por
rechazar el uso de la vacuna? Incluso si alguien pudiera ofrecer una
cifra, siquiera aproximada, todavía tendría que contrastarla con la de los
que murieron precisamente debido al uso de la vacuna. Solo podemos
imaginar cuántas personas en aquellos años se contagiaron de poliomielitis
y otras enfermedades evitables y cuántos murieron realmente de tétanos, de
rabia, de influenza, o de otras infecciones debido a aceptar vacunas. Por
supuesto, no sería justo culpar de estas muertes al clero opuesto a los
testigos de Jehová, pues por entonces muchos de ellos declaraban en
realidad lo mismo que los Testigos.
Es triste que nuestros detractores no publiquen estos
hechos. ¿Hace falta preguntar por qué? Solo hay dos razones posibles: o
son ignorantes, o engañan deliberadamente y quieren mantener a otros en
ignorancia.