Unos meses después de su elección, cuatro de los
siete directores de la Watch Tower (Isaac F. Hoskins, Robert H.
Hirsh, Alfred I. Ritchie y James Dennnis Wright) acusaban abiertamente a
Rutherford de abusar del poder o incluso de usurparlo, y anunciaban
medidas para restringir su autoridad. En julio de 1917, Rutherford
anunció que, basándose en un tecnicismo legal, esas cuatro personas no
eran legalmente directores de la Watch Tower, y los reemplazó por
otros cuatro que apoyaban su trabajo.
Durante varios meses,
especialmente antes de las siguientes elecciones anuales en que debía
elegirse al presidente para el siguiente año, se publicaron
diversas cartas circulares y folletos relatando las diferentes versiones
y enfoques de los hechos.
En enero de 1918 Rutherford fue
reelegido presidente por amplia mayoría, mientras que los cuatro
opositores no fueron reelegidos como miembros de la junta de directores.
En aquel mismo día decidieron formar su propio grupo, que se iría
dividiendo a su vez en más grupos, los cuales difundieron su versión de
los hechos, presentando a Rutherford como un tirano ávido de poder.
Entre las dos versiones, los
enemigos religiosos de los testigos de Jehová no han dudado en aceptar a
pies juntillas y difundir la versión de los opositores de Rutherford.
Las acusaciones son muchas, pero
en este artículo nos centraremos solo en algunas de las más repetidas,
que comentaremos tras analizar todas las versiones cuidadosamente.
¿Violó Rutherford el
testamento de Russell al eliminar los votos de las fideicomisarias?
El testamento de Russell dispuso
que sus derechos a voto fuesen a parar a cinco fideicomisarias. Los
opositores acusaron a Rutherford de violar el testamento de Russell al
recomendar que las cinco fideicomisarias renunciasen a esos votos, y que
el derecho a voto de cada miembro de la Sociedad se extinguiese a su
muerte. Dicen que si Rutherford consideraba eso ilegal, podría
considerar cualquier disposición del testamento también ilegal.
En realidad, esto sucedió antes
de la elección de Rutherford como presidente. Él sugirió la medida, como
asesor legal de la Sociedad, a los demás miembros del comité que
manejaba los asuntos provisionalmente. La medida contó con la aprobación
de todos, nadie se opuso en su momento ni presentó ninguna objeción. Y
es lógico, pues los argumentos de Rutherford eran muy razonables: no es
que fuese una disposición ilegal, sino que el hecho de que los votos se
pudiesen transferir a otras personas tras la muerte del propietario
suponía el peligro de que personas ajenas a la Sociedad, y quizá hasta
opuestas a su obra, pudieran tener cierto poder de decisión.
Tampoco puede acusarse a
Rutherford de hacer aquello con el propósito de preparar el camino de su
todavía futura elección como presidente, pues aquellas cinco hermanas le
apoyaban a él, de modo que sus votos no habrían hecho más que aumentar
considerablemente, o de hecho garantizar su victoria electoral.
¿Impuso Rutherford un
reglamento para asegurarse el poder?
Una de las acusaciones más
repetidas y más importantes dentro de la controversia tiene que ver con
la elaboración y aprobación del reglamento de la Sociedad. Se acusa a
Rutherford de haber preparado un reglamento que confería al presidente
plenos poderes, sabiendo que él mismo iba a ser elegido presidente.
También se da a entender que presionó al comité encargado de examinar el
reglamento y de recomendar su aprobación ante la asamblea de miembros de
la Watch Tower.
Sin embargo, hay una serie de
detalles que ayudan a ver el asunto con más perspectiva. Por un lado, no
fue Rutherford quien tuvo la iniciativa de crear ese reglamento, sino
que Russell le había pedido que lo hiciera, como parte de las medidas
que empezó a tomar en el verano de 1916 para reforzar el funcionamiento
de la Sociedad; aquel reglamento debía expresar de forma legal los
poderes que de hecho venía ejerciendo el presidente desde la creación de
la Sociedad, más de 30 años antes.
Cuando Rutherford elaboró el
reglamento, a finales de 1916, fue precisamente eso lo que hizo: plasmar
en forma legal la serie de competencias que el presidente de la Sociedad
había ejercido siempre. Por tanto, aquel reglamento no establecía un
cambio en la forma de gestionar los asuntos, sino todo lo contrario, los
sancionaba legalmente.
Por otra parte, el comité que
examinó el reglamento (y que no fue elegido por Rutherford) no se opuso
al mismo, tan solo quisieron cambiar un detalle muy secundario del mismo
(respecto a los asesores del presidente); la cuestión de la autoridad
conferida al presidente no creó ningún tipo de controversia en ese
momento, sino que se aceptó con naturalidad.
El hecho de que el reglamento lo
aprobasen por votación los miembros de la Watch Tower no tenía
ningún valor legal, pues era la junta de directores quien tenía la
autoridad para ello; parece que fue sencillamente un gesto hacia los
miembros para implicarlos de alguna manera en el funcionamiento de la
Sociedad pese a la pérdida de Russell. Poco después, la junta de
directores sí aprobó legalmente el reglamento. Tal vez sea significativo
el hecho de que ni Isaac Hoskins (que estaba enfermo) ni Robert
Hirsh (que aún no era director) estuvieron presentes en aquella
reunión, pues parece que son los dos que se opusieron con más fuerza a
aquel reglamento, que por otra parte había sido aprobado de forma
perfectamente legal; por eso la única forma de oponerse al mismo era
acusando a Rutherford de fraude. En cuanto a Ritchie y Wright, que sí
votaron a favor del reglamento, el hecho de que más tarde cambiasen de
opinión y considerasen tan peligroso tal reglamento significaría que
ellos habían cometido una gran imprudencia aprobándolo, si se lleva su
punto de vista hasta las últimas consecuencias.
Respecto a la validez o no del
reglamento, los opositores acumulan una serie de quejas vagas y hasta
contradictorias:
En la reunión del 20 de junio de
1917 dijeron que el reglamento lo debía elaborar la junta de directores,
y que por eso no valía el existente, pues lo había elaborado Rutherford,
independientemente de lo que pensaran los miembros de la Sociedad (en
realidad, el reglamento sí era válido pues era la propia junta la que lo
había aprobado, independientemente de quién lo elaborase).
En la carta circular del 4 de
agosto de 1917, dicen que el problema es que Rutherford interpreta a su
manera el reglamento aprobado por los miembros de la Sociedad,
presentándolo como una afrenta contra dichos miembros (hacen ver que
ellos sí aceptan el reglamento, sin mencionar que en realidad querían
abolirlo).
En la carta del abogado McGee
del 15 de agosto de 1917 y que los opositores publicarían en su primer
folleto, se presenta el asunto alegando que la Sociedad en realidad no
tenía reglamento, porque lo que había era muy incompleto, y por eso era
necesario elaborar uno (en vez de reconocer que lo que se plantea es
anular el que hay, que no les parece aceptable, y reemplazarlo por
otro).
En su primer folleto, Light
After Darkness, de septiembre de 1917, dicen que al ver el trato
autocrático de Rutherford por no conceder audiencia a cierto hermano
Johnson fue cuando se les ocurrió rescindir el reglamento; también dicen
que lo habían aprobado inocentemente, sin imaginar lo que iba a pasar
(dicho sea de paso, Johnson sí había tenido dos audiencias de un par de
horas, en las que había estado explicando las supuestas profecías
bíblicas que demostraban que él era la persona más importante de su
época).
En su segundo folleto, Facts
For Shareholdes, de noviembre de 1917, dicen que el reglamento
aprobado por los miembros de la Sociedad no tiene validez, porque el
poder para aprobar reglamentos no les corresponde a los miembros, sino a
la junta de directores (pero en este punto se callan el hecho de que la
junta sí había aprobado ese reglamento; presentan el asunto simplemente
como que al no ser válido el reglamento anterior, no hay más remedio que
crear uno nuevo, sin reconocer que se oponen al que existe).
En otra parte del mismo folleto
sí reconocen haber aprobado el reglamento, pero ahora afirman que lo
hicieron para poner a prueba a Rutherford y que demostrara lo que es
realmente (esta es quizá la justificación más retorcida y sobre todo más
comprometida para ellos mismos).
En ese segundo folleto también
afirman que el problema con el reglamento es que la junta debe asesorar
al presidente, y el reglamento crea un comité asesor (ahora el problema
no es que el presidente debe quedar sujeto a la junta, sino que quieren
asesorarlo).
En definitiva, las acusaciones
son contradictorias; se percibe por un lado el deseo de no ofender a los
miembros que habían aprobado el reglamento (aun a costa de presentar sus
verdaderas intenciones de forma tergiversada) y por otro el deseo
vehemente de tener alguna acusación que justifique la anulación de aquel
reglamento. Más que tener una razón legítima para anular el reglamento,
parecen buscar justificaciones.
¿Fue ilegal que Rutherford
destituyera a los cuatro directores?
Otra de las principales
acusaciones es que Rutherford no tenía autoridad para destituirlos de
sus cargos como directores de la Watch Tower.
Rutherford explica que no es
exactamente que los destituyera, sino que ellos legalmente no eran
directores, y que él simplemente nombró a otros para llenar las
vacantes.
La postura de Rutherford es que
la disposición del estatuto de la Watch Tower de que los
directores lo son de por vida contradice la ley de Pennsylvania y que
esta es la que prevalece, de modo que había que elegir a los directores
anualmente, cosa que no se había hecho; también explica que según el
estatuto, los oficiales, al ser elegidos, son automáticamente directores
y no había que hacer dos votaciones. De modo que los tres oficiales
elegidos en enero de 1917 eran en aquel momento los únicos directores
legales de la Sociedad. Como punto secundario, añade que al menos tres
de los directores debían residir en Pennsylvania.
La postura de los cuatro
opositores parece algo más vaga: defienden que sí son directores
legales, pero alegan que si no lo son, los tres oficiales tampoco,
porque para ser oficiales debían ser previamente directores. El abogado
que apoyaba a los cuatro directores, McGee, dice también que la ley de
que tres directores sean residentes en Pennsylvania es posterior al
estatuto de la Sociedad y por tanto no puede aplicar, mientras que la
firma de abogados a los que consultaron dicen no haber encontrado
ninguna ley que diga tal cosa, en abierta contradicción con McGee.
Para saber cuál de las dos
posturas es la correcta habría que investigar las leyes del estado de
Pennsylvania de finales del siglo XIX y principios del XX, lo que va más
allá del alcance de este artículo, que se limita a contrastar todas las
versiones de las partes interesadas.
El hecho de que el propio
Rutherford sea abogado y asesor legal de la Sociedad, y que hubiese
consultado con un abogado del estado de Pennsylvania, que es donde
estaba registrada la Watch Tower, da algo más de credibilidad a
su postura que a la de los cuatro opositores, que consultaron a un
abogado de Nueva Jersey, McGee, y a un bufete de abogados de Nueva York.
También el hecho de que se copiase abiertamente y comentase el estatuto
en La Atalaya del 1 de noviembre, mostrando que coincide con la
postura que expresa Rutherford, le añade credibilidad. En cualquier
caso, incluso aunque la actuación de Rutherford no hubiese sido legal,
calificarla de criminal como hacen los cuatro opositores va claramente
demasiado lejos y refleja un espíritu cuando menos preocupante.
Los opositores alegan que, de
ser verdad lo que decía Rutherford, no tenía por qué haber elegido a
otros directores diferentes, que podía haberles elegido a ellos mismos,
y que parece muy conveniente que se diera cuenta de ese tecnicismo
precisamente en aquel momento. En realidad, Rutherford dice que conocía
ese tecnicismo desde hacía años, pero que no lo utilizó hasta ese
momento. En cuanto a elegirles a ellos como directores, efectivamente
podía haberlo hecho, pero el punto al que se había llegado a principios
de julio, el hecho de que los cuatro opositores tuviesen reuniones entre
sí buscando el modo de cambiar la situación de la Sociedad, el hecho de
que difundiesen sus disensiones contra Rutherford y sobre todo la
amenaza de inmovilizar el dinero de la Sociedad le hizo pensar a
Rutherford que era mejor elegir a otros directores como suplentes hasta
la siguiente elección. Dadas las circunstancias, la reacción rápida y
enérgica de Rutherford parece como mínimo comprensible.
¿Actuó Rutherford contra la
voluntad de Russell?
Los opuestos a Rutherford le
acusaron repetidas veces de no respetar el testamento de Russell por el
reglamento que elaboró y por el hecho de “expulsarlos” de la junta de
directores. También mencionaron en menor medida el estatuto de la
Watch Tower y de pasada el folleto A Conspiracy Exposed and
Harvest Siftings, de 1894.
En realidad, el testamento de
Russell no hace mención de ninguno de los asuntos que se debatían, lo
cual hace que la gran insistencia de los opositores con este argumento
sea realmente sorprendente (véase
http://www.tjdefendidos.org/historia/test.htm).
En cuanto al estatuto, dice que
la corporación sería dirigida por una junta de directores con capacidad
para aprobar reglamentos y ordenanzas; dicho estatuto había entrado en
vigor en 1884, y durante todo ese tiempo, Russell había ejercido de
facto la autoridad que el reglamento de 1917 atribuía a Rutherford;
evidentemente, el reglamento se había aprobado de forma correcta y no
contradecía el estatuto, sino que tan solo perfilaba responsabilidades
que no estaban reflejadas en el mismo.
El folleto A Conspiracy
Exposed fue escrito en 1894 y enviado solo a algunos lectores de la
Watch Tower para dar explicaciones sobre ciertas acusaciones de
algunos compañeros de Russell que se habían vuelto contra él. En dicho
folleto, Russell mencionó de refilón que en caso de fallecer, el resto
de directores de la Watch Tower podrían encargarse de que su obra
continuase. No era una afirmación sobre qué debía hacerse exactamente a
su muerte. Posiblemente por eso, los opositores apenas utilizaron este
argumento.
Contrastando todas las versiones
sobre las diversas acusaciones, parece que la exposición de los hechos
que hizo Rutherford en los folletos Harvest Siftings y Harvest
Siftings 2 (y que es en esencia la que se refleja en el libro
Proclamadores publicado por los testigos de Jehová), es una versión
de lo sucedido exacta y apegada a los hechos, mientras que la acusación
de que Rutherford usurpó el poder en la Watch Tower a la muerte
de Russell no parece tener suficiente base. Algunos parecen estar
siempre dispuestos a aceptar y divulgar cualquier cosa que pueda
perjudicar la reputación de los testigos de Jehová, pero la honestidad
debería impedir que se difundan acusaciones que no parecen tener más
base que el prejuicio contra un determinado grupo religioso.