Por qué Rutherford no fue un usurpador


 

Charles Taze Russell, quien había encabezado el movimiento de los Estudiantes de la Biblia desde hacía más de cuarenta años, falleció el 31 de octubre de 1916. Dicho movimiento utilizaba desde hacía décadas una entidad legal llamada Watch Tower Bible and Tract Society, de la cual Russell había sido el presidente desde que se registró legalmente. En enero de 1917, Rutherford fue elegido unánimemente presidente de la Watch Tower en sustitución de Russell.

 

Unos meses después de su elección, cuatro de los siete directores de la Watch Tower (Isaac F. Hoskins, Robert H. Hirsh, Alfred I. Ritchie y James Dennnis Wright) acusaban abiertamente a Rutherford de abusar del poder o incluso de usurparlo, y anunciaban medidas para restringir su autoridad. En julio de 1917, Rutherford anunció que, basándose en un tecnicismo legal, esas cuatro personas no eran legalmente directores de la Watch Tower, y los reemplazó por otros cuatro que apoyaban su trabajo.

Durante varios meses, especialmente antes de las siguientes elecciones anuales en que debía elegirse al presidente para el siguiente año, se publicaron diversas cartas circulares y folletos relatando las diferentes versiones y enfoques de los hechos.

En enero de 1918 Rutherford fue reelegido presidente por amplia mayoría, mientras que los cuatro opositores no fueron reelegidos como miembros de la junta de directores. En aquel mismo día decidieron formar su propio grupo, que se iría dividiendo a su vez en más grupos, los cuales difundieron su versión de los hechos, presentando a Rutherford como un tirano ávido de poder.

Entre las dos versiones, los enemigos religiosos de los testigos de Jehová no han dudado en aceptar a pies juntillas y difundir la versión de los opositores de Rutherford.

Las acusaciones son muchas, pero en este artículo nos centraremos solo en algunas de las más repetidas, que comentaremos tras analizar todas las versiones cuidadosamente.

¿Violó Rutherford el testamento de Russell al eliminar los votos de las fideicomisarias?

El testamento de Russell dispuso que sus derechos a voto fuesen a parar a cinco fideicomisarias. Los opositores acusaron a Rutherford de violar el testamento de Russell al recomendar que las cinco fideicomisarias renunciasen a esos votos, y que el derecho a voto de cada miembro de la Sociedad se extinguiese a su muerte. Dicen que si Rutherford consideraba eso ilegal, podría considerar cualquier disposición del testamento también ilegal.

En realidad, esto sucedió antes de la elección de Rutherford como presidente. Él sugirió la medida, como asesor legal de la Sociedad, a los demás miembros del comité que manejaba los asuntos provisionalmente. La medida contó con la aprobación de todos, nadie se opuso en su momento ni presentó ninguna objeción. Y es lógico, pues los argumentos de Rutherford eran muy razonables: no es que fuese una disposición ilegal, sino que el hecho de que los votos se pudiesen transferir a otras personas tras la muerte del propietario suponía el peligro de que personas ajenas a la Sociedad, y quizá hasta opuestas a su obra, pudieran tener cierto poder de decisión.

Tampoco puede acusarse a Rutherford de hacer aquello con el propósito de preparar el camino de su todavía futura elección como presidente, pues aquellas cinco hermanas le apoyaban a él, de modo que sus votos no habrían hecho más que aumentar considerablemente, o de hecho garantizar su victoria electoral.

¿Impuso Rutherford un reglamento para asegurarse el poder?

Una de las acusaciones más repetidas y más importantes dentro de la controversia tiene que ver con la elaboración y aprobación del reglamento de la Sociedad. Se acusa a Rutherford de haber preparado un reglamento que confería al presidente plenos poderes, sabiendo que él mismo iba a ser elegido presidente. También se da a entender que presionó al comité encargado de examinar el reglamento y de recomendar su aprobación ante la asamblea de miembros de la Watch Tower.

Sin embargo, hay una serie de detalles que ayudan a ver el asunto con más perspectiva. Por un lado, no fue Rutherford quien tuvo la iniciativa de crear ese reglamento, sino que Russell le había pedido que lo hiciera, como parte de las medidas que empezó a tomar en el verano de 1916 para reforzar el funcionamiento de la Sociedad; aquel reglamento debía expresar de forma legal los poderes que de hecho venía ejerciendo el presidente desde la creación de la Sociedad, más de 30 años antes.

Cuando Rutherford elaboró el reglamento, a finales de 1916, fue precisamente eso lo que hizo: plasmar en forma legal la serie de competencias que el presidente de la Sociedad había ejercido siempre. Por tanto, aquel reglamento no establecía un cambio en la forma de gestionar los asuntos, sino todo lo contrario, los sancionaba legalmente.

Por otra parte, el comité que examinó el reglamento (y que no fue elegido por Rutherford) no se opuso al mismo, tan solo quisieron cambiar un detalle muy secundario del mismo (respecto a los asesores del presidente); la cuestión de la autoridad conferida al presidente no creó ningún tipo de controversia en ese momento, sino que se aceptó con naturalidad.

El hecho de que el reglamento lo aprobasen por votación los miembros de la Watch Tower no tenía ningún valor legal, pues era la junta de directores quien tenía la autoridad para ello; parece que fue sencillamente un gesto hacia los miembros para implicarlos de alguna manera en el funcionamiento de la Sociedad pese a la pérdida de Russell. Poco después, la junta de directores sí aprobó legalmente el reglamento. Tal vez sea significativo el hecho de que ni Isaac Hoskins (que estaba enfermo) ni Robert Hirsh (que aún no era director) estuvieron presentes en aquella reunión, pues parece que son los dos que se opusieron con más fuerza a aquel reglamento, que por otra parte había sido aprobado de forma perfectamente legal; por eso la única forma de oponerse al mismo era acusando a Rutherford de fraude. En cuanto a Ritchie y Wright, que sí votaron a favor del reglamento, el hecho de que más tarde cambiasen de opinión y considerasen tan peligroso tal reglamento significaría que ellos habían cometido una gran imprudencia aprobándolo, si se lleva su punto de vista hasta las últimas consecuencias.

Respecto a la validez o no del reglamento, los opositores acumulan una serie de quejas vagas y hasta contradictorias:

En la reunión del 20 de junio de 1917 dijeron que el reglamento lo debía elaborar la junta de directores, y que por eso no valía el existente, pues lo había elaborado Rutherford, independientemente de lo que pensaran los miembros de la Sociedad (en realidad, el reglamento sí era válido pues era la propia junta la que lo había aprobado, independientemente de quién lo elaborase).

En la carta circular del 4 de agosto de 1917, dicen que el problema es que Rutherford interpreta a su manera el reglamento aprobado por los miembros de la Sociedad, presentándolo como una afrenta contra dichos miembros (hacen ver que ellos sí aceptan el reglamento, sin mencionar que en realidad querían abolirlo).

En la carta del abogado McGee del 15 de agosto de 1917 y que los opositores publicarían en su primer folleto, se presenta el asunto alegando que la Sociedad en realidad no tenía reglamento, porque lo que había era muy incompleto, y por eso era necesario elaborar uno (en vez de reconocer que lo que se plantea es anular el que hay, que no les parece aceptable, y reemplazarlo por otro).

En su primer folleto, Light After Darkness, de septiembre de 1917, dicen que al ver el trato autocrático de Rutherford por no conceder audiencia a cierto hermano Johnson fue cuando se les ocurrió rescindir el reglamento; también dicen que lo habían aprobado inocentemente, sin imaginar lo que iba a pasar (dicho sea de paso, Johnson sí había tenido dos audiencias de un par de horas, en las que había estado explicando las supuestas profecías bíblicas que demostraban que él era la persona más importante de su época).

En su segundo folleto, Facts For Shareholdes, de noviembre de 1917, dicen que el reglamento aprobado por los miembros de la Sociedad no tiene validez, porque el poder para aprobar reglamentos no les corresponde a los miembros, sino a la junta de directores (pero en este punto se callan el hecho de que la junta sí había aprobado ese reglamento; presentan el asunto simplemente como que al no ser válido el reglamento anterior, no hay más remedio que crear uno nuevo, sin reconocer que se oponen al que existe).

En otra parte del mismo folleto sí reconocen haber aprobado el reglamento, pero ahora afirman que lo hicieron para poner a prueba a Rutherford y que demostrara lo que es realmente (esta es quizá la justificación más retorcida y sobre todo más comprometida para ellos mismos).

En ese segundo folleto también afirman que el problema con el reglamento es que la junta debe asesorar al presidente, y el reglamento crea un comité asesor (ahora el problema no es que el presidente debe quedar sujeto a la junta, sino que quieren asesorarlo).

En definitiva, las acusaciones son contradictorias; se percibe por un lado el deseo de no ofender a los miembros que habían aprobado el reglamento (aun a costa de presentar sus verdaderas intenciones de forma tergiversada) y por otro el deseo vehemente de tener alguna acusación que justifique la anulación de aquel reglamento. Más que tener una razón legítima para anular el reglamento, parecen buscar justificaciones.

¿Fue ilegal que Rutherford destituyera a los cuatro directores?

Otra de las principales acusaciones es que Rutherford no tenía autoridad para destituirlos de sus cargos como directores de la Watch Tower.

Rutherford explica que no es exactamente que los destituyera, sino que ellos legalmente no eran directores, y que él simplemente nombró a otros para llenar las vacantes.

La postura de Rutherford es que la disposición del estatuto de la Watch Tower de que los directores lo son de por vida contradice la ley de Pennsylvania y que esta es la que prevalece, de modo que había que elegir a los directores anualmente, cosa que no se había hecho; también explica que según el estatuto, los oficiales, al ser elegidos, son automáticamente directores y no había que hacer dos votaciones. De modo que los tres oficiales elegidos en enero de 1917 eran en aquel momento los únicos directores legales de la Sociedad. Como punto secundario, añade que al menos tres de los directores debían residir en Pennsylvania.

La postura de los cuatro opositores parece algo más vaga: defienden que sí son directores legales, pero alegan que si no lo son, los tres oficiales tampoco, porque para ser oficiales debían ser previamente directores. El abogado que apoyaba a los cuatro directores, McGee, dice también que la ley de que tres directores sean residentes en Pennsylvania es posterior al estatuto de la Sociedad y por tanto no puede aplicar, mientras que la firma de abogados a los que consultaron dicen no haber encontrado ninguna ley que diga tal cosa, en abierta contradicción con McGee.

Para saber cuál de las dos posturas es la correcta habría que investigar las leyes del estado de Pennsylvania de finales del siglo XIX y principios del XX, lo que va más allá del alcance de este artículo, que se limita a contrastar todas las versiones de las partes interesadas.

El hecho de que el propio Rutherford sea abogado y asesor legal de la Sociedad, y que hubiese consultado con un abogado del estado de Pennsylvania, que es donde estaba registrada la Watch Tower, da algo más de credibilidad a su postura que a la de los cuatro opositores, que consultaron a un abogado de Nueva Jersey, McGee, y a un bufete de abogados de Nueva York. También el hecho de que se copiase abiertamente y comentase el estatuto en La Atalaya del 1 de noviembre, mostrando que coincide con la postura que expresa Rutherford, le añade credibilidad. En cualquier caso, incluso aunque la actuación de Rutherford no hubiese sido legal, calificarla de criminal como hacen los cuatro opositores va claramente demasiado lejos y refleja un espíritu cuando menos preocupante.

Los opositores alegan que, de ser verdad lo que decía Rutherford, no tenía por qué haber elegido a otros directores diferentes, que podía haberles elegido a ellos mismos, y que parece muy conveniente que se diera cuenta de ese tecnicismo precisamente en aquel momento. En realidad, Rutherford dice que conocía ese tecnicismo desde hacía años, pero que no lo utilizó hasta ese momento. En cuanto a elegirles a ellos como directores, efectivamente podía haberlo hecho, pero el punto al que se había llegado a principios de julio, el hecho de que los cuatro opositores tuviesen reuniones entre sí buscando el modo de cambiar la situación de la Sociedad, el hecho de que difundiesen sus disensiones contra Rutherford y sobre todo la amenaza de inmovilizar el dinero de la Sociedad le hizo pensar a Rutherford que era mejor elegir a otros directores como suplentes hasta la siguiente elección. Dadas las circunstancias, la reacción rápida y enérgica de Rutherford parece como mínimo comprensible.

¿Actuó Rutherford contra la voluntad de Russell?

Los opuestos a Rutherford le acusaron repetidas veces de no respetar el testamento de Russell por el reglamento que elaboró y por el hecho de “expulsarlos” de la junta de directores. También mencionaron en menor medida el estatuto de la Watch Tower y de pasada el folleto A Conspiracy Exposed and Harvest Siftings, de 1894.

En realidad, el testamento de Russell no hace mención de ninguno de los asuntos que se debatían, lo cual hace que la gran insistencia de los opositores con este argumento sea realmente sorprendente (véase http://www.tjdefendidos.org/historia/test.htm).

En cuanto al estatuto, dice que la corporación sería dirigida por una junta de directores con capacidad para aprobar reglamentos y ordenanzas; dicho estatuto había entrado en vigor en 1884, y durante todo ese tiempo, Russell había ejercido de facto la autoridad que el reglamento de 1917 atribuía a Rutherford; evidentemente, el reglamento se había aprobado de forma correcta y no contradecía el estatuto, sino que tan solo perfilaba responsabilidades que no estaban reflejadas en el mismo.

El folleto A Conspiracy Exposed fue escrito en 1894 y enviado solo a algunos lectores de la Watch Tower para dar explicaciones sobre ciertas acusaciones de algunos compañeros de Russell que se habían vuelto contra él. En dicho folleto, Russell mencionó de refilón que en caso de fallecer, el resto de directores de la Watch Tower podrían encargarse de que su obra continuase. No era una afirmación sobre qué debía hacerse exactamente a su muerte. Posiblemente por eso, los opositores apenas utilizaron este argumento.

Contrastando todas las versiones sobre las diversas acusaciones, parece que la exposición de los hechos que hizo Rutherford en los folletos Harvest Siftings y Harvest Siftings 2 (y que es en esencia la que se refleja en el libro Proclamadores publicado por los testigos de Jehová), es una versión de lo sucedido exacta y apegada a los hechos, mientras que la acusación de que Rutherford usurpó el poder en la Watch Tower a la muerte de Russell no parece tener suficiente base. Algunos parecen estar siempre dispuestos a aceptar y divulgar cualquier cosa que pueda perjudicar la reputación de los testigos de Jehová, pero la honestidad debería impedir que se difundan acusaciones que no parecen tener más base que el prejuicio contra un determinado grupo religioso.

 

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